Camino de Ronda de cala Margarida a playa del Castell

El camino de ronda de cala Margarida a playa del Castell tiene unos 4 kilómetros de longitud de subidas y bajadas no muy pronunciadas, que en ida y vuelta se hacen en unas tres horas y media. O más tiempo si deseamos pararnos en los sitios que te descubrimos a continuación.

Cala Margarida

El primer lugar e inicio de la ruta no podía ser otro que Cala Margarida. Esta pequeña playa de guijarros situada a pocos minutos a pie del puerto de Palamós representa el estilo de las demás zonas costeras del municipio: pequeñas casas de pescadores a pocos metros del agua que crean una estampa única. Cómo primera visita de la ruta no está nada mal, y es que al no ser de arena podremos hacer snorkel en sus aguas cristalinas. La mejor vista del lugar la conseguiremos cuando crucemos la cala para seguir a pie por el sendero, porque tendremos vistas privilegiadas desde unos 30 metros de altura.

Mirador de Cap Gros

Mientras seguimos caminando a través de los acantilados al borde del mar, encontraremos un lugar privilegiado desde el que admirar todo el resto de la ruta. Desde el mirador de Cap Gros podremos ver claramente los puntos que nos tocará visitar más adelante de la ruta, con especial atención a la bahía de La Fosca y la de playa del Castell.
No solo veremos un paisaje espectacular mirando hacia tierra, sino que además se admira de una manera especial la extensión del mar Mediterráneo.

Playa de La Fosca

Llegamos al enclave familiar por excelencia de la ruta. Certificada la distinción de Calidad Ambiental y catalogada con Bandera Azul, La Fosca es una playa de fácil acceso que cuenta con todos los servicios- Tiene unos 320 metros arena blanca para que los más pequeños puedan jugar despreocupados. La playa recibe el nombre de una gran roca negra situada al norte de la bahía, que se puede visitar cuando hay marea baja. A nuestras espaldas quedan edificios pintorescos del siglo XX en donde hay todo tipo de restaurantes y bares si queremos hacer un alto en el camino de ronda.

Castillo de Sant Esteve

Después de un relajante baño en La Fosca toca seguir a tirar metros hasta llegar al Castillo de Sant Esteve. Estas ruinas del siglo XI fueron rehabilitadas en 2011 para poder conocer mejor una fortificación militar desde donde se vigilaba la llegada de piratas a la Costa Brava. Como complemento están las semiruinas de una antigua masía del siglo XVI.

Pineda d’en Gori

Encontrar tanta vegetación a tan pocos metros de la playa solo es posible en la Costa Brava. A pesar de que veremos grandes grupos de árboles durante toda la ruta, no habrá ninguno como la Pineda d’en Gori. En su extensión es de 29.000 metros cuadrados encontraremos merenderos para reponer fuerzas después de visitar tantos lugares en el camino de ronda.

Cala S’Alguer

Seguramente ya conozcas S’Alguer. Ha sido catalogada como una de las calas más bonitas de la Costa Brava en múltiple ocasiones. Y no es para menos, ya que sus pequeños guijarros junto con las pequeñas casas de pescadores de la orilla conforman una de las postales más icónicas de todo el Mediterráneo.

Playa del Castell

Llegamos a la última parada, aunque hay una pequeña sorpresa que te dejamos más abajo por si quieres extender unos pocos metros la ruta. La del Castell es una playa que a diferencia de La Fosca está más alejada de los núcleos urbanos, por lo que es una opción perfecta para los que desean más tranquilidad. En sus más de 300 metros de extensión hay múltiples opciones para plantar la toalla, pero no te quedes mucho tiempo, porque todavía nos quedan un extra que podemos visitar para ampliar nuestra visita a Palamós.

Extra: Poblado Íbero de Castell

Si te quedan fuerzas te recomendamos visitar un lugar más allá del camino de ronda entre cala Margarida y playa del Castell.
Es un Bien de Interés Nacional, el Poblado Íbero de Castell. Se trata de una villa de una de las civilizaciones primigenias de La Península que se estableció en este acantilado de la Costa Brava en el siglo VI a.C.. Se trata de un vestigio único, en el que puedes conocer como eran las habitaciones, las calles o las cisternas para almacenar agua de nuestros antepasados. Todo un espectáculo para terminar nuestro camino de ronda.

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