Las 7 calas más bonitas de la Costa Brava

El litoral de Girona es uno de esos lugares especiales de Cataluña que lo tienen todo. Pueblos con encanto, historias que van desde el tercer milenio hasta las invasiones piratas de no hace tanto, castillos rodeados de agua, pueblos medievales de calles empedradas, infinidades de actividades acuáticas y playas de fina arena dorada y aguas cristalinas. Pero hoy queremos que conozcas esos pequeños paraísos bajados a la tierra que salpican la extensión entre Blanes y Portbou, y por eso vamos a hacer un recorrido por las 7 calas más bonitas de la Costa Brava.

Cala de Canyeret, Sant Feliu de Guíxols

La Cala de Canyeret es un poco engañosa, porque muchas personas la denominan playa. Sus 180 metros de longitud la hacen un destino predilecto entre los habitantes de Sant Feliu de Guíxols y Tossa del Mar, ya que se encuentra junto a la urbanización Rosamar, a medio camino entre las dos localidades.
La cala cuenta con todos los servicios, desde duchas hasta un bello chiringuito ubicado en el lugar preciso. ¿Por qué? Pues porque a partir de ese establecimiento comienza la cala Canyet, una pequeña zona de arena rematada con un bonito embarcadero que recorre la parte norte de la bahía donde se ubican las dos playas.
Canyeret es más familiar, con mucha arena, un emplazamiento ideal si queremos pasar un día fantástico con los más pequeños de la casa. Canyet, por su parte, es de esas calas íntimas que te harán conectar con el paisaje. Otro lugar importante que debes ver si visitas este lugar es el pont de Canyet, un puente de piedra desde el que podrás saltar directamente al agua.

Cala S’Alguer, Palamós

A 10 minutos en coche de Palamós, visitar Cala S’Alguer es descubrir un rincón único de la Costa Brava. Y no es hablar por hablar, ya que S’Alguer está declarada por la Generalitat de Cataluña como Bien de Interés Cultural.
Con sus 30 metros de largo, su suelo de pequeñas piedras grises, el azul del mar Mediterráneo y el verde de la vegetación que abraza la costa contrastan con el blanco de las pequeñas casas de pescadores que parece que se echan encima de la cala.
Cada hogar, construido desde el siglo XVI, se diferencia con el de al lado porque sus puertas son de diferentes colores. Apiñadas unas con otras, crean un ambiente acogedor que hacen de esta cala una de las más especiales de toda la Costa Brava.

Muy cerca podemos hacer otras actividades, como pasar un día de playa familiar en la Fosca, a 10 minutos caminando hacia el sur de S’Alguer a traves del camino de ronda, o visitar el castillo de San Esteban del Mar, del siglo XIII y ubicado justo encima de la playa
Al norte, lo primero que podremos ver nada más salir de S’Alguer es la playa del Castell, rodeada de espesa vegetación que la hace parecer aislada de Palamós. También te recomendamos visitar el cercano castillo de Cap Roig, que con sus impresionantes jardines lo hacen una parada obligatoria en la Costa Brava.

Cala de Illa Roja, Begur

Pasamos de un paraíso a otro, esta vez para llegar al norte del municipio de Begur. Allí se encuentra una cala que destaca por un monumento natural exclusivo en toda la Costa Brava. Se trata de la enorme roca de color rojizo que rompe en dos mitades la orilla de la cala a la que da nombre, Illa Roja.
El tono de la gran mole de piedra, que con el efecto óptico parecerá más pequeña con marea baja y mayor cuando suba, contrasta de una manera bellísima con el azul del mar, provocando uno de los paisajes más bonitos de toda el litoral gerundense.
Sus 120 metros de longitud también están rodeados de enormes acantilados, y su acceso de escaleras semiescondidas hacen que se respire un ambiente relajado. Pero eso no quita que no sea conocida. De hecho, Illa Roja está acreditada a nivel mundial por ser una de las calas nudistas con mejores vistas en todo el planeta. Si no te importa este hecho, estamos seguros de que en este punto de Begur encontrarás el edén.

Cala Sa Cova, Platja d’Aro

Muy cerca de Platja d’Aro se encuentra una de esas calas que, a pesar de la cercania con la civilización, parece estar en una isla perdida del océano. Se trata de Sa Cova, un pequeño reducto de 55 metros de arena dorada y aguas cristalinas, el lugar perfecto para hacer snorkel y maravillarse con la fauna marina que puebla esta parte del Mediterráneo.
La pequeña bahía, rodeada de rocas de las que surge una espesa vegetación, se sitúa bajo un acantilado que le otorga una gran sensación de aislamiento, a tan solo 10 minutos a pie del centro de la localidad de Platja d’Aro. Allí, en su paseo marítimo, podremos disfrutar de todos los servicios que queramos. Te recomendamos probar los arroces y el pescado recién traído del mar en alguno de sus restaurantes, aunque la oferta gastronómica es infinita y para todos los gustos.
El camino de ronda es el punto de acceso a Sa Cova. Si venimos Playa de Aro, podemos visitar primero cala Rovira, que a pesar de no estar en esta lista es otro encanto natural de la Costa Brava al que debes echar una ojeada. Y si seguimos en dirección a Sant Antoni de Calonge, a través de túneles excavados en la misma roca, llegaremos otras zonas costeras de gran prestigio como playa Belladona o la cala del Pi.

Cala Canyelles, Lloret de Mar

Un lugar típico de veraneo para los habitantes de Lloret del Mar es Cala Canyelles. A 15 minutos en coche de la localidad, esta bahía destaca por su puerto deportivo y el club náutico del mismo nombre que la cala. Allí podrás hacer diferentes actividades acuáticas que mejorarán tu tranquilo día de playa, aunque también puedes plantar la sombrilla y tender tú toallas para descansar.
La cala tiene una longitud de 400 metros, que divide una gran piedra conocida como Roca del Mig. Los acantilados que envuelven la arena hacen que sea un lugar especial para pasar el día en familia, ya que cuenta con numerosos servicios como duchas, hamacas, tumbonas y servicio de socorrismo; además de un pequeño chiringuito ubicado junto a una antigua casa de pescadores.
Si queremos completar el día, lo mejor es que nos acerquemos a la localidad de Tossa del Mar para admirar su bello castillo rodeado de grandes fortalezas que se adentran en las aguas; el barrio de Sa Roqueta, con su estatua de la famosa veraneante de la zona, la actriz Ava Gardner; y otras playas y calas como la Gran o Mar Menuda. Además, es un lugar perfecto para alojarnos si visitamos la Costa Brava por la gran oferta de hoteles y restaurantes que alberga.

Cala Pedrosa, S’Agaró

En la urbanización de S’Agaró, frente a las ostentosas casas que la rodean, está la Cala Pedrosa. Su pintoresca ubicación frente a varias construcciones contrasta con una pequeña zona costera que, como su nombre indica, es de rocas.
Pero que eso no te espante, porque el beneficio de este mineral es que las aguas que rodean la cala son cristalinas y de un azul turquesa que envidian otras playas de la Costa Brava.
Otra ventaja de esta cala es su poca afluencia, por lo que si quieres un espacio donde poder leer un libro o relajarte mientras admiras el azul del mar, Pedrosa es tu lugar.
Para llegar tienes que tomar el Camino de Ronda entre S’Agaró y Platja d’Aro, por el que podremos visitar otras calas como Sa Conca. También merece la pena echar un vistazo al paisaje desde el Point de vue de S’Agaró, un mirador circular desde el que hay una bella panorámica al infinito Mediterráneo.
El destino final de ese camino es la Platja de Sant Pol, en S’Agaró, donde podremos disfrutar de una buena comilona de pescado fresco en su paseo marítimo.

Cala Margarida, Palamós

A solo 5 minutos a pie de la gran infraestructura que es el puerto de Palamós, parece mentira que haya un lugar que parece de otro tiempo: Cala Margarida. Sus guijarros junto a la orilla están precedidos de unas pequeñas casas de pescadoras que habitaban la zona cuando la Costa Brava todavía no había pasado el boom turístico.
Situada a la sombra de la gran roca que es el Cap Ros, perfecta para un baño ocasional y disfrutar del paisaje que mezcla blanco de las casas de los pescadores, gris de las piedras de la orilla, verde de la vegetación que la rodea y el azul del mar Mediterráneo.
Tiene apenas 100 metros de largo, pero cuenta con duchas y otros servicios que se agradecen en un lugar tan inhóspito.
Aquí, durante la época medieval, descansaban los marineros que vovlvían de largos periodos en mar abierto. Se les dejaba en cuarentena para que no transmitieran a la población enfermedades como el escorbuto o la tuberculosis. Es curioso que un lugar que vivió estos hechos hoy sea un lugar de descanso para sus visitantes.

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